Me gusta creer que juzgo un libro por su contenido y no por su pasta, pero es una mentira a medias, el contenido es incierto, así que mi decisión de comenzar a leer correrá en gran parte por cuenta de la seducción que su portada ejerza sobre mi. Gráficamente hablando, las portadas son bastante aburridoras, pero me dejo atrapar por un título sugerente, por el nombre de un autor que ya conozco o incluso caigo por una reseña al respaldo del mismo que me garantiza que es uno de los mejores libros que desean venderme, digo que desean recomendarme. En el caso de The Mysterious Flame of Queen Loana, el título apesta (por lo menos antes de leer el libro), pero el nombre de Umberto Eco en resplandeciente tinta Roja logra intrigarme lo suficiente como para darle una oportunidad al libro.
¿Qué hay que pedirle a un buen libro?
Hipócritamente yo pido algo nuevo, pero una partecita de mi, como Marcel Proust me enseño a ver, está esperando encontrar algún parecido con otros 'buenos' libros que he leido. Así que pido por cosas como un argumento verosímil, pero no del todo predecible, por un par de preguntas existenciales aquí y allá, algún dato histórico, psicológico o científico que desconocía y en definitiva, por un recuerdo imborrable de su lectura.
En The Mysterious Flame of Queen Loana, la comparación obligatoria es con los otros 'buenos' libros de Eco, pero realmente uno no puede decir que la historia de la Italia de Mussolini sea más interesante que la historia de los Templarios o que el punto de vista de un bibliotecario amnésico de nuestro tiempo sea mejor que el de un náufrago del s.XVII. En cuanto al argumento, uno podría encontrar que la historia de un hombre que puede recordar lo que ha leido pero no lo que ha vivido no es del todo verosímil, pero durante la lectura es posible disculpar éste hecho como una excusa narrativa. En cuanto a preguntas existenciales, el libro está plagado de ellas, dios, amor y guerra te asaltan al cruce de cada página hábilmente empaquetados con el estilo sapiente y mordaz de Eco diseñado para sacudir el pensamiento. En definitiva, la lectura de este libro es capas de dejar un recuerdo memorable en sus lectores, pero quizás como Yambo lo reconoce, un libro no tiene que ser bueno, para tener ese efecto en sus lectores. Puedo visualizarme a su debido tiempo, como Yambo creando mi propio panteón.